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jueves, 3 de mayo de 2018

Cuál es la oportunidad que nos da el duelo ?


Quizás ha llegado el tiempo…

  • Donde te sea posible comenzar a detenerte, a hacerte el tiempo, darte el tiempo… el que sea necesario para acompañar tus procesos…
  • Venimos de un tiempo histórico en el que las mujeres, nuestras madres, abuelas, y ancestras quizás no pudieron detenerse, había que seguir, no existía la posibilidad, había que luchar, sobrevivir, otros hijos que atender, alimentar… Por supervivencia, por adaptación, por ignorancia…Por una condena de obediencia femenina… Ellas no pudieron llorar, no supieron, no se permitieron, no las dejaron
  • Quizás la gran revolución de la mujer sea, ahora detenerse… y mirar dentro… y autorizarse… en algunos casos por primera vez, y validar su dolor, su sentir…
  • Pausar el tiempo, darte el tiempo, detener el tiempo, fabricar el tiempo, recrear el tiempo…
  • Quizás, para descansar, para no hacer, para lentificarte, espaciarte dentro, aprender a habitarte…
  • Quizás, para descubrir… que el gran aprendizaje del duelo, es volver a gestarte… 
  • Quizás para aprender a tomar la vida, la vida que se renueva a cada instante…
  • Quizás para aprender a estar presente, presente para vos misma… Quizás también te habías perdido sin saberlo…

Regalarte tiempo…

  • Quizás para recuperar la conexión con vos misma, con tu espacio interior. Para abrir un tiempo fecundo de reencuentro íntimo. Para sacar el piloto automático y re despertar tu sensibilidad a un nivel más profundo.
  • Para soltar, dejar ir, despedir lo que ya no te pertenece, lo que no te hace bien, lo que no te deja crecer, ni te deja vivir…
  • Para hacerte más presente, demorar la respuesta a la demanda de los otros, del afuera, del trabajo, de la familia, los requerimientos sociales, de las urgencias y las prioridades. De las agendas y los celulares…
  • Para salir de ese circuito de estrés sostenido en el que estás tan habituada, que ya has naturalizado sin reconocer ese “malvivir” se ha vuelto crónico.
  • Para descubrir que podés ampliar tu percepción de la realidad, que tenes otra apreciación de la belleza, de lo esencial…
  • Para volver a parir tu cuerpo y alma femenina… te habían encerrado en quirófanos y anestesiado y lo siguen haciendo…
  • La pérdida, en realidad es una herida sagrada. Tu pérdida, tu herida sagrada, es un portal, un espacio fecundo de reconexión, de volver a tu esencia primordial, que es esencia de vida.
  • Quizás, enterarte de que estás viva, que podes tomar la vida en tus manos…
  • Quizás este sea el tiempo propicio para pausar y detenerte… respirar, mirar dentro, descubrir que quizás…te habías perdido hace mucho, demasiado tiempo, en las necesidades de los demás, en las demandas del afuera, en las expectativas, en los ideales de la sociedad, en las formulas vacías de la felicidad…
  • Quizás te habías perdido detrás de las recetas, los instructivos, protocolos y cuentos de hadas…, detrás del nuevo producto de belleza, de la dieta saludable, de la fórmula de la salvación, del nuevo y último gurú espiritual que te promete la fórmula del paraíso y la salvación…
  • Quizás descubras que te habías vuelto adicta al vacío, al consumo, a las siliconas… Cada vez más estímulos, para tapar y seguir tapando y tapando, sin saber lo que estas tapando… Adicta al vacío y reciclando vacío, consumiendo basura del vacío…
  • Quizás animarte a caminar despacio, para descubrir que podés aprender a mirarte, a verte con nuevos ojos, como por primera vez…
  • Quizás puedas aprender a escucharte, a respetarte… Quizás esté llegando un tiempo de escucha y de respeto…
  • Quizás solo así puedas comenzar a responder el más profundo anhelo del alma femenina, que es el de la realización de tu potencial…
  • Tiempo de descubrir que tu tiempo no es lineal, que el tiempo femenino es circular… que está marcado por la sangre y por la Luna…Por tu sangre y por tu Luna…
  • Quizás te sea revelado un tiempo es espiralado, un movimiento, una danza de espirales abiertas…
  • Quizás este sea el tiempo… imperioso, enardecido que expresa un ansia de libertad, de poesía, de belleza y osadía…







jueves, 8 de septiembre de 2016

Testimonio Magdalena

Voltear atrás

Hace varios días María Andrea me concedió el honor de poder hablar de esto.

Amo escribir: me fluye naturalmente, como respirar, como sudar.

Sin embargo, este tema ha quedado colgando en blanco, a la espera.

Trabajo mucho, y es comprensible a veces que algunas cumplir algunas promesas y deudas cueste un poco más.

Recién acabo de reparar, que el asunto no es la carga laboral, ni el tiempo, ni la noche, ni la playa.

A esta hoja en blanco al otro lado de la pantalla no quería mirarla.

Así como por casi 20 años no me había atrevido a ver de frente a los ojos una realidad a la que simplemente le hacía a un lado, como cuando uno camina por la calle y ve a una señora indígena indigente pidiendo dinero con su niño en brazos: no la veo, ergo, no existe.

No existe, pero pega, duele, algo huele mal.

Y, ¿Qué es lo que huele mal? Sigamos con el ejemplo de la señora indígena indigente. Uno sigue de largo y piensa “Este país se fue a la mierda” “Pobres indígenas, nuestros portadores milenarios de la sabiduría de esta tierra” “Pobre señora” “Si la veo mucho, me va a pedir real”.

Entonces, una sigue de largo....ya pasó, no me vio, no la vi, la vida sigue maravillosamente bien.

Luego, te metes en redes sociales, conversas con personas, y el coro en común es “El país se fue a la mierda”. “Nada funciona”. Una se erige en gran opinadora de causas utópicas: nos creemos adalides de la verdad por publicar un meme, por decir una frase medianamente inteligente, un lugar común que genere muchos “likes”.... y la vida sigue. Y la imagen de la anciana indigente indígena sentada en el suelo con su niño de la mañana se va difuminando en la memoria hasta hacerse simplemente un vaho negro...una bruma oscura que queda atrás. No la ves, pero queda en la espalda.


Me practiqué cuatro abortos entre 1996 y 2010. Tres, quirúrgicos, y uno, con citotec. Y tuve una pérdida espontánea cuando quise tenerla, en 2010.

Tenía 18 años cuando me practiqué el primero, y casi cuatro meses de gestación. Creo que era niño. Lo llegué a sentir durmiendo en mi barriga cuando me despertaba en las mañanas. Llegué a golpear la panza con arrechera, con miedo, con frustración. Llegué a cantarle a la panza, llegué a escribirle poemas. Vimos juntos la película “Babe”, y me preguntaba si mejor seguía el curso de la naturaleza y veíamos qué podía pasar. El papá de la criatura al enterarse del embarazo ya se estaba aburriendo de mí, y empezó a engañarme con una amiga mía, que luego se convertiría en su flamante esposa. Mi “amiga”, era quien me daba consejos en mi desespero y terror. Las relaciones con mi madre eran una mierda: mi mamá estaba enloquecida y me trataba como su enemiga, como su competencia. Yo me escapaba de casa para verme con el que era mi novio y papá de la criatura, hasta que quedé embarazada y entonces empezó a apartarse de mí. Estaba en el tercer año de la carrera: una carrera dura y fuerte. La escuela de Idiomas Modernos de la UCV tiene fama de ser modelo de convento medieval con todas las implicaciones que tiene esta imagen poética. No tenía amigos: era el objeto de burla de todos...
Un año antes tenía la decisión tomada de suicidarme, hasta que por giros de la providencia empezaron a aparecerse en la calle personas que me “leían”. Sin conocerme, me ofrecían ayuda, me decían todo lo que sabían de mi vida, sin yo decirles nada. “Ten cuidado con un aborto”, me dijo un psíquico en la calle.

En aquella época yo no sabía que existía el otro lado de la pared. De niña, llegué a tener visiones, ensoñaciones y la certeza de que habían otras dimensiones: mi abuelita se despidió de mí en sueños poco antes de morir, y el misterio para mí siempre había sido un tema apasionante de niña.

Siendo una niña solitaria, y blanco siempre de las burlas de todos, las muñecas, los cuentos y la fantasía eran mi refugio.

Pero el tiempo pasa, y con él, la vida. Y este tipo de sensibilidades se atrofian, o se olvidan momentáneamente. Hasta que el dolor o el riesgo inminente de muerte hace que otros te lean y busquen ayudarte.

Esa tarde de junio, tres días antes de decidir matarme, apareció alguien que ofreció ayudarme en mi situación de vida. Me habló de energías.

Esa puerta que se entreabrió me permitió empezar a entender que la vida no era la desgracia que venía conociendo, y que había una esperanza.

A esa esperanza me aferré. Y me he venido aferrando por 22 años.

Y en esos 22 años de indagar en lo obvio y lo oculto, poco a poco empecé a construir tímidamente, muy poco a poco, con tropiezos, con caídas, con incongruencias y con muchos errores, las pequeñas cimientes de una autoestima que estaba totalmente desintegrada y pulverizada.

Yo no existía.

Y buscar existir pasó por etapas en las que desesperadamente buscaba amor.

Esa búsqueda de amor pasó por muchísimas veces en una búsqueda de aprobación sin dignidad.

Rechazos, desamores, traiciones, burlas. Burlas. Burlas.

Mi primera vez fue con mi mejor amigo de bachillerato y me enamoré como una estúpida. El chico me utilizó y yo no entendía que estaba jugando conmigo.

Pero yo era tan inocente en aquella época, que creía que las cosas eran así.

Luego, cuando logré cerrar esa historia, apareció este novio: se veía bonito, poético, real.

Cuando estás tan asfixiada y teñida de humo negro, a veces cuesta entender que la vida tiene una serie de ciclos, procesos. Y que en esta sociedad entregar tu cuerpo a la primera hace que el hombre ya pierda interés en ti rápido: que hay que hacerse esperar, para ir disfrutando el arte de conocerse y luego, amarse.

Con 18 años y las hormonas a punto, el atractivo en su apogeo y la desolación aplastándote, más bien te sientes como los perros sarnosos de la calle, que al primer cariño se van detrás de ti como penitentes.

Bueno, en ese contexto geopólítico, con tres meses y medio de gestación, el padre de la criatura y yo, conseguimos el dinero y fui a parar a una clínica clandestina en el casco histórico de Petare.

La clínica parecía un depósito de tortura.

Muchachas acostadas, adormecidas a los lados.

50.000 Bs costó la decisión.

El médico, cuyo nombre no recuerdo, era un hombre de unos 60 años, blanco, calvo.

No me vio a los ojos.

Se negoció la intervención. El padre del niño dio los reales y me pasaron a un cuartico. Ni siquiera era quirófano.

Estaba sucio.

Tenía baldosas azul y blanco.

Se me acercó un tipo a preguntarme cualquier cosa. Me inyectaron, y en eso me dormí.

No recuerdo más nada.

Desperté con la entrepierna ensangrentada.

“Ya está listo”.

“Tenía cuatro meses”, me dijeron.

De vuelta al “consultorio”, de paredes marrones de tablopán, mesa marrón. Conciencia marrón.

El médico de nuevo. No me veía a los ojos.

“Tómate tal cosa”. ¿Es un antibiótico? Pregunté.

No recuerdo la respuesta.

Ensangrentada, el chico me acompañó al metro y nos fuimos juntos.

No me acompañó a la casa.

Iba desmayándome, y un vecino me dio la cola.

Llegué a dormir.

Mis amigos espirituales, los que me hablaron del otro lado de la pared, fueron en mi auxilio, y logré pasar la tarde en casa de algunos de ellos a pasar el desangramiento. Me dieron de comer, y recuperé el color.

En la noche me tocó hacer de sirvienta, como era mi vida en esa época en casa: en el estado en que estaba me tocó cuidar de mi hermana y salir a hacer las compras para la casa. “Eres la muchacha de la casa”, me diría en una ocasión mi mamá.

Había decidido no tenerlo, porque tenía casi ocho años cuidando de mi hermana como si fuera mi hija, y quería tener algo de vida, coño. Sentía que la juventud se me iba a ir en cuidar muchachos. “Una no está para cuidar muchachos. Hay otras cosas, una vida qué atender”,diría mi madre en una ocasión...yo cocinaba.


Fui al ginecólogo a verme. Él desapareció, el padre. Más nunca llamó para saber cómo seguía yo. Ya estaba empatado con mi gran amiga.

En el médico me encontraron una enfermedad pélvica inflamatoria. Había una infección.

Yo no tenía plata, o no recuerdo.

La ginecóloga me condenó “Era una vida”. “¿Y mi vida qué? Interpelé”.

Ese día, sucedió algo que empezó a cambiar todo. Estaba nuevamente de compras de mercado y de niñera con mi hermana. Había comprado los antibióticos.  Por un instante vi lo que decía Demian de Hermann Hesse el “encontrarse uno mismo”. Vi la misma llamarada de luz en mi hermanita. Y luego en todos. No sé si habrá sido la presión de toda la situación, pero en fracciones de segundo experimenté lo que luego llamaría “Mi primer despertar”.

Por varios días lo comprendí TODO. Se me abrieron las puertas de la percepción, y por primera vez dejé de tener miedo.

Me atreví a confrontar a mi ex. Y hablé con mi madre, y le dije todo lo que había sucedido.

Por primera vez en mi vida pude hablar sin mentir, sin miedo a represalias, con dignidad.


Luego, decirle a mi papá: estoy infectada, aborté y necesito ayuda.

Él se quiso hacer el loco. Ella, mi madre, accionó y lo amenazó con llamar a la policía. Él nuevamente tuvo que responder a la fuerza.

Por primera vez pude decir mi verdad. Le dije todo lo que sentía, todo lo que pensaba de él. Sus humillaciones intelectualoides por yo ya no parecerle tan culta ni tan interesantes se las devolví en palabras.

Él tuvo que dar la cara. Fue a la casa de mi ma má. Mi papá no fue, y no dio la cara.

Ella, mi madre, denunció a la clínica clandestina y fueron presos todos.
A partir de ahí mi vida cambió para siempre. Él tuvo que ayudarme a pagar por el tratamiento médico y se retiró de mi vida con el rabo entre las piernas.

Ella, mi madre, me botó de la casa. Fui a parar a casa de mi papá, donde viví con él, su esposa y mis medios hermanos por siete años.

Fui un tema tabú para ambos padres por un buen tiempo.

Aún así, esa llamarada de iluminación que se me abrió, ese portal de entendimiento que me permitió entenderlo TODO de inmediato me había transformado y ya no tenía miedo.

Recuerdo que por haberlo entendido todo sentí una paz tan inmensa y una felicidad tan grandes que no tenía más qué hacer en este plano y que lo que me tocaba era partir...

Fue cuando sentí por primera vez la paz de la muerte, del pasar de plano.

Hay dos tipos de muerte: la muerte blanca y la muerte negra, y en menos de un año llegué a sentirlas de cerca a las dos.

Y a ambas las trascendí.

Decidí quedarme, y seguir.

Bajar a tierra de nuevo me tomó más tropiezos, y una nueva vida con una nueva familia. Conocer a mi padre de cerca, y enfrentarme a una enemiga acérrima que hizo lo indecible porque me fuera de su casa.

Todo lo que me salvó de mí misma fue mi decisión férrea de buscar a Dios.

Dicen que era varón. Que iba a ser como mi ex pareja y como mi madre. Iba a nacer a finales de noviembre, como el papá. Iba a ser sagitario.

19 años después reapareció el padre. A pedirme perdón.

Lo perdoné. Me perdoné y en tributo a su memoria él me hizo un tatuaje que me acompaña en mi hombro derecho. En tres horas de la sesión hablamos de todo lo que fue, lo que sentimos, lo que pasó, y quedó grabado para siempre ese recuerdo en mi piel.

22 años después le puse nombre. Se llama Lou.

Las otras tres experiencias y la pérdida son réplicas a menor escala de aquel primer movimiento telúrico grado 9 de Richter.



Al igual que en la experiencia imaginaria del principio, en los cuatro casos me hice media vuelta y seguí adelante, y el recuerdo se transformó en un vaho negro que quedaba a espaldas mías, y hasta hace no mucho entendí que debía darme media vuelta y voltear a entender qué era ese mal olor.

Cosa curiosa, hoy en la mañana salí del trabajo y vi a esa señora de la que estoy hablando  ficticiamente. Esta vez me detuve. Saqué de la cartera 50Bs. Le pregunté si tenía hambre, si había comido.

Se llama María y sí, tenía hambre. Que se para todas las mañanas hasta las 3 PM ahí. Quiero ver cómo la ayudo.

Me he ido parando poco a poco a verles la cara a mis cinco recuerdos, les puse nombre, los abracé, y son parte de mí.

En estos 22 años la espiritualidad me salvó de mí misma. La búsqueda a Dios me ayudó a aprender a amarme, y ha sido muy difícil y muy duro ver a la cara el hecho de haber matado a mis cuatro hijos. Solo cuando lo reconocí abiertamente, entendí que ese vaho negro y ese mal olor solo iban a desaparecer el día en que los viera a la cara y les hablara, como a la señora María.

También todo este tiempo ha servido para dar media vuelta y ver a los ojos a mis padres, a los exes, a todas esas experiencias desde otra dimensión, escuchar sus razones, motivaciones, y así poco a poco ir disolviendo grandes pesos que por mucho tiempo había venido cargando en mis espaldas: todos hacemos lo mejor que podemos, incluso cuando cometemos errores.

Ella, mi madre, una persona que también venía de historias muy duras, dolores, temores. Mi padre, sus temores, angustias...en medio de todo, y a pesar de todo, su apoyo incondicional, presencia y palabra han estado siempre, en aquella tragedia, y en todos estos años. “Todo lo que las madres hacemos, lo hacemos por amor”, diría un día mi vieja. Y es verdad, incluso haberles dado de futuro la muerte a esos seres, fue para mí lo mejor que en ese momento yo podía hacer.

Incluso aquellas parejas, y aquellas experiencias aparentemente fallidas. El miedo nos lleva a cometer locuras, y a sacar lo peor de nosotros, pero en el fondo nadie quiere conscientemente generar dolor.


Sirva este escrito para honrar la memoria de los cinco niños que me habitaron brevemente:

Lou,
Laura,
Leonardo
Sofía y
Pez.

Esta es la primera vez que me atrevo a escribir abiertamente al respecto, y la primera vez que volteo a verle la cara a esta hoja en blanco que tenía rato esperándome.

Estoy en proceso de perdonarme por todo este tiempo, por todas esas decisiones, aciertos y desaciertos, y por eso esta carta.

Que la eternidad los bañe de bendiciones, gracias por haber sido parte de mí. Gracias por haberme acompañado en los momentos más oscuros, y por haber aparecido para darme una oportunidad de creer en la vida. En su memoria, busco ser feliz, y estar en paz.


Gracias.

jueves, 18 de agosto de 2016

El apego al dolor

El apego al dolor
Muchos autores han desplegado el concepto de apego, y apego al dolor. Para  aproximarme al concepto de apego,  hay que citar  el trabajo fundacional de J. Bowlby sobre el apego y la pérdida (Bowlby, psicoanalista inglés 1907-1990). Este autor  explora los procesos a través de los cuales se establecen los vínculos entre el niño y la madre.  Abre un campo de investigación sobre los diferentes tipos de apego, fundamentando que el ser humano necesita desarrollar un apego seguro des de su infancia. Su trabajo de investigación nos permite  comprender la necesidad más profunda del ser humano de arraigarse en sus vínculos, esos anclajes de seguridad frente a la angustia de separación, desde el inicio de la vida. Impronta que nos acompaña a los adultos, y desde la cual,  todo un abanico de conductas y sentimientos, están fundados en distintas formas de apego.
Es decir, que pasa a ser un tipo de funcionamiento del psiquismo, de la identidad, de nuestra forma de percibir el mundo y de relacionarnos. De este modo podemos comprender mejor, lo que llamamos “apego al dolor”. La dificultad de soltar, dejar ir, de despedir, tiene su origen en que fue un mecanismo constitutivo de la identidad desde el inicio de la vida. Entonces desde esta perspectiva se comprende cómo vivimos desarrollando apegos, y más apegos, a personas, a situaciones y  a objetos, cómo si eso fuera esencialmente constitutivo, y no lo es. Y no lo podemos soltar, porque todo nutre nuestro sentimiento de orfandad, y desamparo existencial que es estructural   de la condición humana. Entonces vamos engordando nuestra identidad, ego, y personalidad con todo tipo de apegos. Y luego nos apegamos también al dolor. 
Apegarnos al dolor más tiempo del necesario, es "acompañarnos" de nuestro dolor... El dolor se transforma en el representante de nuestro hijo... Me acompaño de una manera que pierdo de vista a los que efectivamente están a mi lado, si hubiera otros hijos, compañero, amigos, familia... Me pierdo a mi misma en el dolor, mientras me acompaño ilusoriamente con él...

Apegos, engramas, formaciones del inconsciente, son conceptos que se articulan entre sí, se auto-implican. Es decir son distintos niveles de descripción, apego (psico-social), engrama(biológico), formaciones del inconciente(psicoanalítico). Una síntesis de estos niveles de descripción, son los programas. Este tipo de programaciones son formas de mostrar  un mismo funcionamiento, que en otras épocas se ha llamado melancolía,  y en algunos casos masoquismo, o nudo masoquista de la personalidad.  
 Desde este punto de vista,  sufrimiento se convierte en  directamente proporcional al amor, entonces cuánto más sufro es porque más lo he amado.   Desde la culpa, también se explica el patrón de “apego al dolor”: es “ tanto, tanto, tanto  lo que sufro  por  este hijo”, que entrego  mi sufrimiento como una “ofrenda”.  Cómo reparando, lo que supuestamente no hice, o hice mal. Dentro de esta cultura sacrificial,  voy a redimir lo que haya  que redimir. “ Más sufro, más demuestro que fui y  que soy  una buena madre. Y sufro también como un autocastigo, porque no he sido lo buena que hubiera podido ser. Si dejo de pensar en él, entonces he de abandonarlo…”
En resumen,  son las ecuaciones recurrentes   en los casos  de duelo,  a través de mi experiencia clínica de tantos años.  Que develan este concepto, del sufrir como un aspecto inherente y central del amor. Y como forma de demostrar el amor, de seguir acompañándonos  y de seguir siendo leal al ser querido.
©María Andrea García Medina
El libro está inscripto en el Registro de la propiedad intelectual  y se encuentra en edición, cualquier reproducción de la nota o de alguna parte de ella, te pido cites mi autoria. Muy atentamente

sábado, 13 de agosto de 2016

Manifiesto de nuestros derechos.


Manifiesto de nuestros derechos luego de la pérdida.
Creemos que las mujeres, somos potencialmente madres, si lo deseamos.
Creemos que las madres somos mujeres que descubrimos dentro de nosotras mismas el principio de la Vida, el principio femenino del Universo y nos consideramos hijas de la Diosa, a través de nuestros linajes.
·       1. Me doy el permiso de no estar bien, de atravesar por todos los estados emocionales y la confusión.  De no poder manejar el dolor.
·       2. Me doy el permiso y el derecho de sentir bronca, enojo, impotencia  con todos a mi alrededor, con la vida, conmigo misma.
·       3. Me doy permiso de sentir envidia por todas las mujeres que anuncian sus embarazos, se lucen con sus panzas, o las que solo hablan de sus hijos…
·       4. Me doy permiso de pedir ayuda, de darme cuenta que no puedo sola. De hablar de esto que me pasa, de salir del aislamiento y el encierro.
·       5. Me doy permiso de hacer las interconsultas, y cambiar de médicos y equipos hasta sentir que me brindan el marco de respeto a mi cuerpo, a mi dolor, a mi salud integral, que también es psicológica, emocional y espiritual.
·       6. Me doy permiso a buscar el diagnóstico, a entender qué pasó, los porqués, a pesar que la medicina no me de las respuestas.
·       7. Me doy el permiso de elegir libremente  el tratamiento expectante del aborto, de permitir que mi cuerpo despida por sí mismo, el embrión, los restos de tejidos, placenta y demás restos biológicos. Sin verme presionada a realizarme un legrado (raspado uterino).
·       8. Me doy el permiso a estar sola cuando lo necesito, y de estar acompañada solo con la gente que yo elijo.
·       9. Me doy el permiso de vivir el duelo a mi modo, de no estar bien todo el tiempo que necesite, de reconocer y respetar mi dolor. De no exigirme más de lo que puedo, ni por complacer o aplacar a los demás.
·       10. Me doy permiso para no asistir a festejos, reuniones, o todo tipo de compromisos. De alargar la licencia laboral, o tomar vacaciones para centrarme en mí proceso, y volver gradualmente a la rutina solo cuando yo me sienta en condiciones de hacerlo.
·       11. Me doy la oportunidad de tomar conciencia, de tomar la responsabilidad propia y compartida. De contar y aceptar la ayuda del padre si así fuera posible. De vivir la experiencia como un camino posible de transformación y de crecimiento.
·       12. Me doy la posibilidad de ayudar a otras mujeres que han atravesado la misma experiencia, sabiendo que ayudando me ayudo a mí misma, que puedo acompañar, así como yo necesité ser acompañada.
·       13. Me doy la posibilidad de soñar o no con un nuevo embarazo, de darme todo el tiempo necesario, de asumir que todavía no puedo y aceptarlo.  Me permito evaluar otras maneras de ser mamá, como la adopción. De saber que cuento con otras posibilidades creativas, como otro tipo de proyectos donde poner mi energía vital mientras tanto vaya resolviendo la salida de mi duelo.
                                                                  
                                                            Gilda Sessone
                                                        María Andrea García Medina



jueves, 11 de agosto de 2016

Acunando... de la Luna al Sol Gracias Mirabai Ceiba...


Gracias Mirabai Ceiba, cómo a través de la música nos acompañamos en nuestros procesos, te dejo esta vibración maravillosa, profundamente sanadora, reparadora...

martes, 9 de agosto de 2016

Manejo expectante, respeto, amor, salud... Gracias a nuestros amigos de El Parto es nuestro !!!

https://www.elpartoesnuestro.es/informacion/embarazo/el-manejo-expectante

El manejo expectante
El tratamiento expectante consiste en esperar a que sea el cuerpo el que naturalmente desencadene la eliminación de los restos. Sería ideal que un ginecólogo hiciera un seguimiento del proceso, aunque suele ser difícil dar con un profesional respetuoso y que además esté informado y conozca el proceso fisiológico normal que ocurre en estos casos. La expulsión de los restos se dará en un proceso físico que será muy similar a un parto, con expulsión del tapón mucoso, contracciones, expulsivo…  También habrá sangrado abundante, más parecido a una regla.
Ventajas del tratamiento expectante:
• Torrente de oxitocina que eleva el nivel anímico de la mujer propiciando una buena elaboración del duelo.
• Experiencia de parir. Autoconfianza en el propio cuerpo, en su capacidad para realizar el proceso. Hay estudios en los que el 70-80% de mujeres elegirían el manejo expectante si se les diera opción.
• Evitar riesgos asociados al manejo activo. No se fuerza el proceso, el tiempo de espera ayuda a asimilar la noticia cuando el aborto se inicia. Evitar el legrado es evitar posibles daños en el útero (sinequias, daños en el endometrio, roturas, infecciones...) que puedan ocasionar infertilidad secundaria. El proceso en el hospital puede ser muy traumático por la falta de apoyo y la frialdad del personal.
• Intimidad. Al sacer el proceso del entorno hospitalario la mujer ya no es una paciente. Puede beneficiarse del apoyo de su familia y entorno más cercano.
• Posibilidad de despedirse o hacer lo que la familia considere más acorde con sus sentimientos, incluido enterrarlo o hacer una ceremonia o ritual de despedida. En el hospital acabará como “residuo sanitario”. Es difícil recuperarlo y más aún darle sepultura.
• Dar tiempo para detectar posibles errores.

Desventajas del tratamiento expectante:
• La mujer que elige este modo de despedir a su bebé se encuentra muchas veces teniendo que hacerlo sola, sin asistencia médica, sin controles…  Cada vez es más sencillo encontrar profesionales que respeten los ritmos naturales de la mujer, sin prisas, sin pretender inducir… Aunque estos generalmente son profesionales que trabajan desde el ámbito privado.
• Al realizarse la expulsión de los restos en casa, no hay posibilidad de llevarlos al hospital a que los analicen, pues han de darse unas condiciones de esterilidad muy concretas que en casa no se dan.


martes, 5 de julio de 2016

Un homenaje a todos los seres que han partido

Bellísimo Video, un verdadero homenaje, están todos en nuestro corazón, pero debemos reconocerlos, honrarlos, tenerlos presentes desde la alegría, son nuestros seres amados...

                       En la Danza de la Vida donde todos somos acogidos !!!

Vidas
Soñando sueños, vidas, nacimientos....
Vidas en vidas y en caminos de corto tramo.
Vidas que nacen a la muerte y que dan otra forma a la vida en otras vidas
Creaciones en fantasmas, las almas, que hablan de sus vidas en otro espacio de vida.
Vidas que llaman a otras vidas para que sean vividas.
Vida a la Vida.
La tuya y la mía.
Vida y más Vidas.
Vidas que llaman a otras vidas Aqui y Ahora.
Vidas sentidas.
Vidas soñadas.
Vidas lloradas.
Una Oda a la Vida ... a la tuya y a la mía.
Vida a tu madre a, tu hermana a tus hijas a las hijas e hijos de la Vida.
Vida al Amor amado , a la madre y a la abuela que dieron Vida.
Vida a mi Vida, a la que fue, Es y será Vivida.
Vida sin principio ni fin, recordando y re-ordenan los ordenes de la Vida.
Vida y mas vida y mas vidas.
Vida en el sueño y en el despertar de la vida.
Vida que me dijo escribí de la vida; de la vida que no fue vivida aqui y que sigue viva.
Aqui estoy en tu vida y en la mía.
Si,... vidas y mas vidas en UNA SOLA VIDA:
No me conoces y sabes que soy una Vida.
Gracias Vida por ser mi vos en la vida.
Gracias vida por darme vuelo en la vida.
Gracias Vida.
Gracias Vida, eterna Vida..

                                                                                                                     Dhyana.

sábado, 2 de julio de 2016

Gracias Mariela, gracias Bautista Ezequiel


Testimonio Mariela
"Recuerdo que tenía 21 años, fue un viernes 23 de octubre del 2006.
Sebastián me decía que me haga el test, yo tenía un atraso, pero no me animaba. En ese momento tenía dos compañeras en el trabajo, una no podía tener hijos, la otra estaba embarazada.
El tuvo que comprar el evatest. Yo no le podía decir a nadie de mi atraso, tenía miedo. Cuando me hice el test, no me imaginaba el resultado, salí del baño llorando, no podía parar de llorar.
Apenas pude, se lo comenté a mi hermana y ella me dijo “qué boluda”, no me lo voy a olvidar más. Se lo comenté a mi mamá y me preguntaba “porqué lloras tanto?”, yo pensaba, cómo se lo explico a mi papá…? Mi mamá se puso super feliz.  En ese momento mi hermano menor, Sebastian, tenía 10 años, y me hizo unos dibujitos del bebé.
Se lo contamos a mis suegros, ellos estaban contentos, me llamaban todos los días. Iba a ser su primer nieto. A su vez yo pensaba “esto no es lo que yo quería para mi vida…” Recuerdo que ellos de la felicidad me decían “Hay guacha, nos vas a hacer abuelos…” Yo el lunes tenía turno con el ginecólogo, fue mi primera vez, hasta ahora no había ido nunca al ginecólogo. Fui para pedirle un análisis de sangre, yo sabía que iba a dar positivo. Fui con mi hermana a su casa y luego me acosté. En la visita al ginecólogo le conté que hacía poco me había vacunado contra la rubiola, al médico se le transformó la cara. El tipo después de felicitarme, cambió el discurso, me dijo, sos joven y tenés toda la vida por delante, vas a poder ser mamá cuando quieras. Nos dijo que podría nacer con malformaciones y que incluso había riesgos de perder el embarazo. Me acuerdo que me fui a googlear todas las consecuencias de la rubiola en la gestación, mucha información, nada bueno. Al toque todo el mundo se entera. Sebastian mi pareja, me decía que yo estaba obsesionada con tener un hijo enfermo. Yo me sentía mal todo el tiempo, y mal físicamente. Por la cabeza jamás se me cruzó la posibilidad de abortar. La madre de mi novio, encima, es ultracatólica, se reunían a rezar el rosario por la salud del bebé.
Recuerdo que me quedaba a dormir en su casa, me sentía mal físicamente, y le pedí a Sebastian que me lleve a la guardia, él no quizo, y me llevo su madre, mi suegra. No me pudieron dar nada, solo reposo. Recuerdo que también mi suegra fue a ver a la virgen de San Nicolás,  me trajo una medallita. Es la virgen de la futura mamá. Empecé a sentir la distancia con Sebastian y comenzaron las discusiones. Me fui a mi casa. El me agobiaba diciendomé que yo quería tener un hijo enfermo, y yo le decía que tener un hijo es una bendición, enfermo o sano, es una bendición.
Sebastián sufría mucho, porque él tenía un hermano discapacitado. Recuerdo los enojos, las distancias, las discusiones. Recuerdo que le puse en un mensaje de celular, que “nosotros” lo amábamos… y lo extrañábamos…” El no contestó … Después el me dijo que yo me las podía arreglar sola sin él… Durante 5 días no me llamó ni un solo día por teléfono. Fue una eternidad. Me acuerdo que mi hermana, ese viernes me dijo de salir, y yo pensé es mi última salida, salimos.
El domingo recibo un mensaje de Sebastian diciéndome lo mismo, que podía vivir sin él, pero que le devolviera sus objetos personales, un buzo y una calculadora.
Mi suegra me llamaba todos los días. En esos días, Sebastian me llama, me pasa a buscar y vamos al Plaza Oeste, a conversar, ese domingo él me dejó, ese día decidí sacarmeló. Me cuerdo que él me confesó que había ido a bailar, lo odié tanto, le rebolee el buzo, me levanté y me fui caminando llorando hasta mi casa, caminando bajo la lluvia. Yo le dije que me lo iba a sacar.
El me llamaba y yo no lo atendía. Un día me cruza con el auto, y me lleva a su casa, el despertó a su madre y a su padre para que los salude, ahí me dí cuenta que él había actuado bajo la presión de sus padres.
Me acuerdo, que mi hermana me sacó un turno para el día 13 de noviembre, un miércoles en San Justo. Me acuerdo que me podía acompañar una sola persona.  El no me quiso acompañar , y lo pagué yo con un dinero que había cobrado de una indemnización reciente. Me acompañó mi hermana. Antes de entrar a quirófano lo veo que llega, cuando nos vemos, apenas me saluda, discutimos y él se fue…
No me acuerdo nada más, pero cuando me desperté me llevaron a casa en un remise. El médico me puso un diu. En mi casa, mi familia no quería que me lo saque, y cuando se enteraron, mi mamá estaba tan enojada, después de eso me hechó de mi casa. Ya era fin de año, no tenía donde ir, salí a buscar trabajo. Después del aborto, nos arreglamos, y yo empiezo a ser mala con él. En enero me fui a vivir con mi abuela paterna, yo no podía conseguir trabajo. Salimos unos días nada más, me dejó por mensaje de texto. Yo no le quise contestar. Empecé a estudiar en la Universidad de la Matanza y comencé a ver a un ex novio mío que salí durante 5 años que me pegaba… En eso yo empecé a trabajar en un supermercado, y lo veo pasar por la calle de la mano con una chica…
En abril, empiezo la facul en Morón, y me voy a vivir con mi hermana. Después encontré un departamento y me fui a vivir sola en el 2008. Yo me imaginaba una cuna en ese lugar y pensaba que podría estar viviendo con mi hijo. Me acuerdo que vivía sola y lloraba todas las noches. Desde el 2006 al 2008 me la pasé llorando, noches enteras, la vida… Se hubiera llamado Bautista Ezquiel, me pregunto cuando va a volver? No quiero a otro, lo quiero a él. Yo lo busqué muchas veces al padre de mi hijo, le mandé mails, lo llamé por teléfono, nunca me contestó. Recién nos pudimos encontrar en el 2012, recién  6 años después …”

Después de recordar y reconstruir la experiencia, hicimos una meditación y una visualización. Fue un momento muy conmovedor, porque Mariela había invocado a su hijo por mucho tiempo y lo había llorado en soledad durante dos años, (2006 al 2008 aproximadamente) Luego refiere que siempre lo recordaba, pero sin la crisis de llanto que la acompañó esos primeros dos años. Así que cuando le ofrecí, conectarse con la esencia espiritual de su hijo, inmediatamente me dijo que sí. Y se entregó totalmente al trabajo de relajación, y visualización. Hicimos una técnica de psicodrama y constelación. Luego hicimos la bendición, el bautismo, y las oraciones de liberación.
 Ella tuvo en sus brazos a su hijo Bautista Ezequiel, esta vez volvió a llorar, pero no de tristeza, sino de felicidad… Lo abrazó, lo acunó, lo contempló… lo reconoció… y también le pidió perdón…
Y se dio la oportunidad de escuchar a su hijo, que sorprendentemente, le dijo: “No tengo nada que perdonarte mamá  porque te amé desde el primer momento en que te conocí…, yo fui creciendo por el amor que me fuiste dando día a día, vos me das vida… Sos la mejor mamá del mundo… yo te veo como sos mamá, que brillás… “
No recuerdo más, dejé de tomar nota, fue un llanto ahora compartido, fue una hermosa experiencia para mi acompañar a Mariela en su proceso, después de 10 años, pudo recuperar a su hijo. Cada vez que habla de él se le ilumina el rostro, se ríe y se emociona.
 Y ahora se da también la posibilidad de abrirse a soñar con la maternidad como futuro proyecto, la cual tenía negada, y bloqueada por el duelo que no había podido realizar en su momento. Duelo que fue complejo  por la doble pérdida, su embarazo adolescente, soltera,  el abandono de su pareja, junto con la expulsión de la casa de sus padres.
Sigo trabajando con Mariela, está muy plena, finalizó su carrera universitaria, vive sola, está en pareja, y sueña con volver a ser mamá, reconstruyendo sus vínculos. Y me ha prometido escribir la carta a su hijo Bautista Ezquiel.




domingo, 22 de mayo de 2016

Artículo tomado de Umamanitas y El Parto es Nuestro. Duelo gestacional y perinatal.


Duelo Gestacional y Perinatal
La DESAUTORIZACIÓN DEL DUELO.
“La muerte de un recién nacido es una situación que se ha afrontado hasta ahora negándole importancia, con bastante indiferencia. Los hospitales han tendido a minimizar el impacto que estas muertes tienen sobre los padres porque piensan que al no haber conocido al hijo, es como si no tuvieran derecho a realizar un duelo por el bebé muerto”,
 Alba Payàs. Psicoterapeuta
Los duelos por las muertes perinatales a veces no son públicamente reconocidos ni socialmente expresados. “La pareja se siente desautorizada para hablarlo porque no ha habido nacimiento, bautizo o entierro; el niño no tiene nombre, no quedan fotos ni recuerdos, nada que pudiera avalar su existencia. Sin embargo, el niño/a es su hijo/a desde la concepción, en la imaginación, en las expectativas y esperanzas de los padres y de la familia”, añade Payàs. En algunos casos se tiende a medicalizar en exceso la reacción de duelo mediante psicofármacos que a veces pueden impedir o entorpecer el desarrollo normal del duelo.
Los dos demonios universales de los duelos, la IRA y la CULPA.
 Los padres en duelo manifestarán las etapas del mismo duelo: negación, shock, desesperación, incredulidad, confusión, apatía, desorientación, olvido, depresión  y un dolor abrumador.
En muchos casos, quiebre de las relaciones de pareja, ya  que no resisten la pérdida.
Cómo ayudar, cuál es el enfoque, abordaje inicial ?
 “La intervención más valiosa por su parte consiste en algo que usted ya sabe hacer: acompañarles y escuchar su historia.”
Extracto tomado de informe reciente de “El Parto es Nuestro” y “Umamanitas”, compartido por Mónica Alvarez de “Duelo gestacional y Perinatal”.

domingo, 15 de mayo de 2016

Ciclo de charlas y conferencias Mujer Medicina

Martes 24 de mayo
Charlas y conferencias online gratuitas, anotate en la página Mujer Medicina, está el evento en fb de Acunandolalunavacia.
Un honor poder compartir con ustedes, gracias por tu interés.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Nunca serán olvidados



😢💔


Hoy honro a todos los bebés que nacieron dormidos, o que se cargaron en el vientre, pero nunca se conocieron; los que fueron cargados, pero nunca llegaron a la casa; los que vinieron a casa, pero no se quedaron.... Hagan este su estado de su perfil si usted o alguien que conoces, ha sufrido la pérdida de un bebé. La mayoría no lo hará, porque a diferencia del cáncer, el aborto involuntario y la muerte fetal intrauterina siguen siendo un tema tabú . Rompe el silencio. En memoria de los ángeles que fueron prestados por corto tiempo pero con grandes propósitos. ‪#‎NUNCAseránolvidados‬ 💙👶💝